Friday, June 13, 2014
05.27.14
Timeless memory
YOU
That is the only word
Safe
Saying more
May awake the thunder
That
let us both sit on the top
and sink
to the fire
feeding a tree
with a guardian eye
and see
all the green that’s gone
and cry
drinking up those tears
and dry
burn
YOU and me
Both
Say
With your warmth
Hush
This captivity
Is
A wish
Yield
To
A
Place
A room
A bed
A time
A scream
That screams
YOU
06.13.2014
Timeless memory
Tar.
La presión de la noche los empujó dentro de la cama, sepultando su resistencia bajo la corpulencia de las sábanas. Ella ceñida en ropón de oruga. La premura de sus alas forcejeando confusa, mientras su pelo allanaba la boca enemiga y tan amada.
Él le susurró un verso desconocido, pidiéndole la emergente respuesta que ella no supo dar. Ella se arrepintió aturdida no por el juicio arrogante de él, sino por haber dudado en un intento por complacerlo.
El aliento desesperado en su cuello dolía tanto como la bata de algodón con armadura de encajes.
Un esfuerzo conjunto para arrancar la inasequible barrera entre el cuerpo y las manos, alejó sus labios de su rostro y la respiración furiosa de su nuca. Pronto el cabello húmedo se hizo hielo en el ambiente viciado.
Fuera una red de brazos abusivos lo sedujo en el resollar de un sueño unísono. Ella consumada se levantó al compás del presentimiento de la niña espiándolos en la vigilia. La chiquilla exigió sin pudor ser sacada del empedrado de sus miedos.
-Recuerda que estamos solas en esto tonta. ¿A dónde crees que iríamos? Si logramos salir de aquí terminarás encerrada con las otras huérfanas hasta que tu madre te busque. Yo no puedo regresar a la Tierra y no quiero ir a esos sitios que estás pensando.
Pronto el lugar se llenó de espectadores ante un programa vació en la TV, siendo él el más atento.
La ira tóxica de los ojos y labios resentidos de las diosas carnavalescas, lo enredaban en un desperdicio de sí mismo. Y él, “Él” inexistente. Ella, recordándole resignada.
Ahogando las pupilas con los párpados tumbó la puerta del olvido y un tufo de polvo la dejó a solas en el cuarto de tablas destrabadas. Calló de rodillas ante la mesita en el pesebre, la máquina de escribir mirándola con el corazón florecido. Lágrimas de mercurio, polvos de azufre, y sales de cobalto barrieron el lugar sepultándolos lejos. Después de un tiempo, una suela perdida trituró el hueso de una mano presionando la primera tecla sobre el principio.
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