El origen
Los paradigmas de belleza del siglo XX se han perpetuado a partir de estereotipos materializados y peor aun, comercializados masivamente en la cultura occidental. Un ejemplo claro es la muñeca Barbie, que evidencia una bizarra concepción de la realidad en cuanto a las posibilidades de una mujer ordinaria, sometiendo a esta a una presión temprana en búsqueda de una anatomía física de rasgos evidentemente preferenciales: Piernas largas, curvas marcadas, piel clara y ojos claros y una hermosa cabellera larga y rubia. Lo anterior implica una alineación en quienes consumimos el producto, llevándonos a comportamientos banales que lamentablemente sustituyen la aceptación personal y la introspección, a fin de cuentas, la búsqueda interna.
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