Creo invocarte entre mis pies y tu calma
sabiendo que al callarte finges
un duelo allanado cual hondo sacrificio.
Ruego desprenderme como los días del tiempo
y hallar entre la ausencia y la sima
la caricia del consuelo.
Úngeme con la luz de tu fuerza
y juro esperarte como espera el paciente sol
al rumor de los signos.
Abandonarte y conservarte
como el recuerdo a los viejos olvidos
Hacer apuntes de ti
atarlos con lazo negro. Y de negro verte
como de noche te veo.
Mi arteria fluvial
se derramará caliente
titilando con el dolor
en un túnel blanquecino.
Te pienso en el fruto
de mi pasión contigo:
Sábanas limpias y empapadas
como calzada de mi juicio,
El verdor grisáceo fundido con mi mano
y la mano del enemigo.
Así moriré, descalza y ungida
devorando las páginas de tu basto libro.
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